sábado, 11 de abril de 2015

SOBRE LAS QUEJAS Y LOS QUEJICAS


Llevo un par de semanas pensando sobre un artículo que mi hermana me envío a través de una red social y que me dejo con un cierto regusto pensativo, y por qué no decirlo: amargo. Hablaba sobre cómo te cambiaría la vida si dejaras de quejarte durante un mes. Al parecer este tema se ha puesto últimamente muy de moda. Lo cierto es que busqué por Internet y encontré varias referencias a un libro: Un mundo sin quejas, escrito por Will Bowen, un pastor de EEUU que en 2006 propuso a sus feligreses estar 21 días sin quejarse, iniciativa que proponía aguantar tres semanas sin quejarse. En la idea original, se les entregaba a aquellos que se comprometían con el reto, una pulsera morada. Cada vez que se quejaban tenían que cambiarla de muñeca y empezar de nuevo. Si se preguntan por qué 21 días. Es algo puramente psicológico, ya que 21 días es lo que tardamos los humanos en generar un hábito y en deshacer otro.

Esta práctica promete llenarnos de entusiasmo, aumentar nuestra autoestima, felicidad y paliar el sufrimiento. Según leo en Internet, dicen las personas que lo han probado, que aquellos que creían no quejarse demasiado, al comenzar este reto se dieron cuenta de que lo hacían un promedio de unas veinte veces diarias. ¡Casi nada! La idea es que al cabo de tres semanas sin criticar ni quejarnos, y sin chismes de ninguna clase, también dejaremos de hacerlo mentalmente. 

Así que he decidido abordar el tema de las quejas. Lo cierto es que en alguna ocasión ya hemos tratado a “los quejicas”, uno de esos tipos que tratábamos en la reflexión de vampiros emocionales. Y pensando en alto hoy me pregunto ¿Por qué tenemos la manía de quejarnos por todo? ¿Servirá para algo? ¿Por qué somos tan quejicas? Y sobre todo ¿podemos hacer algo al respecto? 

¿Por qué estas personas tienen la manía de quejarse por todo?

Nos quejamos porque se sienten profundamente insatisfechas. Estas personas no se están quejando de la lluvia o del calor sofocante, o del euro, o del…en realidad se están quejando su vida, del gran vacío que sienten y de la falta de sentido que las asola. Una persona que se queja es una persona insatisfecha, alguien que no ha encontrado esas razones que le dan sabor a la vida.

Nos quejamos por hábito: De hecho, a menudo la queja es un comportamiento heredado de los padres. Estas personas asumen los lamentos como parte de su comunicación y no conciben una conversación sin ella.

La tercera razón es un profundo egocentrismo sostenido en la falta de empatía. Estas personas dan por descontado que merecen más que las otras y, cuando no lo obtienen, se quejan. No son capaces de ponerse en el lugar de los demás y comparar porque su egocentrismo se los impide. Para estas personas, llueve porque el universo está en su contra y hay crisis porque Dios (que no tiene más nada que hacer) ha decidido contrariar sus planes.

También nos quejamos porque quejarnos nos permite relacionarnos, tener simpatía y atención del resto. En algunos más que una manía es un instrumento para empezar a entablar una conversación, sabemos que hay personas que si no lo hacen, simplemente no sabrían como romper el hielo o de qué hablar. 

¿Por qué las quejas no son la solución?

1. Las quejas conducen al inmovilismo. Quejarse implica asumir el papel de víctima, implica despojarse del control y ponerlo en una realidad externa, implica quedarse inmóvil al borde del camino, lamentándose por lo ocurrido mientras las personas a su alrededor, que quizás han vivido la misma situación, se recomponen y continúan adelante.

2. Las quejas son un agujero negro por donde escapa la energía. Lamentarse por los errores del pasado, por las oportunidades que no se aprovecharon o por los problemas del presente solo consume energías inútilmente. La queja implica una centrarse en los aspectos negativos mientras que lo que necesitamos para avanzar es precisamente lo contrario: centrarnos en los aspectos positivos

3. Las quejas generan un estado de ánimo muy negativo. Todos los sucesos entrañan aristas positivas y negativas, centrarse en las limitaciones, los daños, la incomodidad y los fracasos solo generará frustración, tristeza e ira. ¿Has conocido a alguien que se queje por todo y esté contento?

4. Las quejas impiden buscar soluciones. Como estas personas no son capaces de apreciar el aspecto positivo de los hechos, se quedan regodeándose en la pena. No son capaces de sacarle provecho a las situaciones y aunque la fortuna tocase a su puerta, no podrían verla y aprovechar la oportunidad que les brinda. Por tanto, al final, la queja incesante se convierte en una profecía que se autocumple.

5. Las quejas afectan las relaciones interpersonales. Todos tenemos nuestros propios problemas, normalmente no andamos por el mundo pregonándolos para ver cuál es mayor, como si se tratase de un competición de víctimas. Un día, nos da placer consolar a un amigo y escuchar sus penas. Al otro día, también. Pero al tercer día comienza a ser desgastante. Por eso, preferimos evitar a las personas que se quejan por todo y se comportan como verdaderos vampiros emocionales. Como resultado, estas personas se quedan solas, debido a un macabro mecanismo que ellas mismas pusieron en marcha. Y si los demás les dejan solo, pues ya tendrá un nuevo motivo para quejarse.

Clasificando a los quejicas

Hay una distinción entre personas que son quejosas en forma crónica y aquellos que realmente necesitan ayuda.

  • El quejoso puntual- Utiliza la queja o bien como un instrumento de interrelación con los demás o bien tiene la pretensión de expresar la molestia, eso sí con la esperanza de encontrar resultados
  • El quejoso crónico- usualmente no querrá soluciones reales a los problemas de los que habla. Si lo hiciera, un vez que le dieras una solución, se vería obligado a dejar de quejarse. Simplemente ignorar o confrontar a las personas que se quejan todo el tiempo no funcionará, dado que la persona se podría irritar más o atacar.
  • El quejoso patológico o querulante (de querulancia): le basta para adquirir la creencia de que ha sido injustamente perjudicado (y sobre todo que ha sido pisoteada su dignidad). Busca pruebas de la mala intención de los demás (y en especial de los jueces) Pierde la medida de la crítica imparcial, deformando –bajo el influjo de su despecho- los indicios y detalles que conoce. Los querulantes, (querellantes, litigantes), llevados por su pasión quejosa, llegan a descuidar sus intereses personales, descuidan sus negocios y ocupaciones, enfrascados como están en procesos, querellas, pleitos, instancias, cartas dirigidas a la autoridad, al ministro, etc.


 ¿Es posible que una persona se deje de quejar?

El que se queja, por lo general, no se da cuenta de que se queja de todo, es decir, ya lo hace de forma natural y es posible que si se lo hacemos notar esto haga que se sienta mal por “no ser comprendido/a”.
Tengamos en cuenta que la queja puede puede haber surgido de un motivo razonable, como por ejemplo: una pérdida o una experiencia muy negativa. En aquel momento, la persona se quejó y encontró el apoyo de quienes la rodeaban. Demostró que era una víctima (sufriente y doliente). Así, descubrió que lamentarse era un mecanismo válido para manipular a los demás. También descubrió que los sentimientos de culpa que sentía se esfumaban como por arte de magia, entró en el mundo de la autocomplacencia. En este punto la queja se convirtió en una puesta en escena, en un hábito para enfrentar los conflictos y para atraer la atención de los demás.
Por tanto, la próxima vez que pienses en quejarte, pregúntate:

  • ¿Qué insatisfacción oculta esa queja?
  • ¿Tengo motivos válidos para quejarme?
  • ¿Qué aspectos positivos te traerá la queja?


Pensando en alto y después de haber pasado unos días cavilando sobre este tema de la queja, ahora  sé que realmente no quiero dejar de quejarse por completo. Utilizamos la queja para, relacionamos unos con otros e incluso para entretener. Trate de imaginar un mundo sin quejas y me resulto una mundo  sin movimiento , sin evolución. Sin embargo, me he dado cuenta de que si nos vamos a quejar, entonces tenemos que hacerlo conscientemente, es decir quejándome menos de que no podemos cambiar y centrándonos  en las cosas que podemos. . Así que en vez de proponerte 21 días sin quejas te voy a proponer el día de la queja libre, elige un día al mes y utilízalo para quejarte libremente el resto del tiempo voy a quejarse con propósito y centrándome en las cosas que importan y sobre todo a las personas a las personas que pueden cambiarlas.

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